Portofino, un secreto a viva voz.

En un puerto natural emplazado donde la bota se moja en aguas del Mar de Liguria se encuentra la coqueta aldea de Portofino.  En los amarraderos de la pequeña bahía, apretujados se balancean decenas de yates, veleros y botes coloridos en un vaivén relajado.

Llegamos a Portofino una tarde de  verano,  tras una caminata bordeando acantilados que se prolongó por cerca de tres o quizá cuatro kilómetros desde Santa Margherita Ligure. El ingreso de vehículos está restringido los fines de semana cuando los visitantes la atestan. 

No es un pueblo más,  es una mezcla  de buen gusto, sencillez,  tradiciones marineras y silencio apaciguado por las charlas de café que le dan un aspecto sofisticado. De fisonomía medieval,  casi escénica, esta villa luce una paleta de  ocres, naranjas  y  verdes que cubren los frontis de moradas y hoteles asentados sobre las laderas del promontorio, cuya silueta acompaña la rivera abrazada por la espesura del parque natural que la circunda.

En el centro de la postal, protagonista del cuadro,  la adoquinada Piazetta, repleta de pintorescos cafés y bares que ostentan blanquísimas sombrillas.  Bajo su sombra,  mesitas con sillas de hierro forjado invitan al descanso y son testigos de viajantes que tras sus gafas espejadas admiran el paisaje, de parejas que disfrutan de una copa de vino helada una tarde de verano; y de pobladores que una mañana cualquiera saborean despreocupados su ristretto leyendo el periódico acompañados de su diminuta, peluda y educada mascota.

PORTOFINO.

Así transcurre la vida en Portofino, un homenaje a “Il dolce far niente”, un rincón de buena vida. Una conversación en italiano llega y se diluye de tus oídos mientras paseas por la plaza. El sonido del descorche de una botella ostenta un brindis por el presente.  Escuchas  el crujir de las ventanas de madera que se abren sobre el calmo mar para refrescar las estancias de los antiguos y elegantes departamentos. Tropiezas con algunas redes de pesca que descansan artísticamente en el viejo puerto. Esquivas palomas que visitan restaurantes en busca de alguna miga de pan para luego fugarse  al campanario de la protectora iglesia de San Giorgio. Adviertes el aroma de alguna delicia de  mar que no duda en escaparse de la cocina de un restaurante despertando un apetito voraz en  aquel a quien ha logrado alcanzar.

Este pequeño paraíso no ha podido acallar su fama cómo uno reductos más elegantes del Mediterráneo. Visitado por artistas, famosos y celebridades desde hace décadas; mixturado por lujosas tiendas y pequeños locales artesanales; coloreado por sus  fachadas, enaltecido por su gastronomía de carácter marinero. Como un lienzo  de encanto inmaculado, nada mejor que entregarse a su hechizo y dejarse llevar por sus callejuelas, pues  aquí el reloj y el apuro han perdido vigencia.

Julieta                                                                                                                                                          

15 de enero de 2016

 * “Il dolce far niente” se trata de una popular expresión italiana que significa “lo dulce o grato de no hacer nada” reflejando un poco la idiosincrasia italiana de gozar de las cosas simples de la vida.

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Un viaje al desierto.

“Sin prisa avanzamos suavizando los pasos sobre el salitre crujiente que todo a nuestro alrededor lo cubría . Sólo el tenebroso sonido del viento rozando  las caprichosas formas que el agua y la sal se han empecinado en esculpir.  En el horizonte,  una franja de volcanes truncos, centinelas de la quietud del paisaje, esperan latentes su impredecible despertar; recordatorio de la delgada línea que separa la paz del desastre”

Salar de Atacama, Mayo de 2015

Salar de Atacama.

Salar de Atacama.

Fue cerca de San Pedro de Atacama que giré 360 grados en estado catártico, y entre el horizonte y yo sólo descubrí desierto. Todo lo que pude escuchar fue mi propia respiración, todo lo que pude sentir fue el sol quemando mi cara y un perpetuo sigilo que aturdió mis oídos.

Un punto diminuto en la carretera avanzando hacía nosotros me despertó del hechizo del desierto, era un vehículo minero  que apareció y desapareció de la escena en cuestión de segundos, logrando traerme nuevamente a la realidad.

Salar de Atacama.

Salar de Atacama.

Es en esta  región de Atacama donde encuentras el llano de la paciencia con sus kilómetros y kilómetros de absolutamente nada más que tierra y cielo;  donde la Cordillera de la Sal  galardona el paisaje con su peculiaridad;  donde la postal puedes encontrarla a 4300 metros de altura con el reflejo del Miscanti en la solitaria laguna altiplánica.

Donde una luna exuberante habita en un valle mágico que se repleta  cada atardecer de espectadores, quienes recorren un largo tramo de arena hasta lo alto de la Gran Duna para apreciar la caída del sol y el advenimiento de la más oscura de las noches.

Valle de la Luna. Cordillera de la Sal.

Valle de la Luna. Cordillera de la Sal.

Es en este rincón del planeta que se encuentran  algunos de los más grandes y altos salares del mundo. Donde el color de los flamencos delata su edad.

Flamencos, en el atardecer del Salar.

Flamencos, en el atardecer del Salar.

Donde eres capaz de flotar en una laguna tan salada que la ingravidez se hace posible. Donde el Tatio es un anciano que llora y un lugar sagrado para los indígenas del lugar según cuenta la leyenda. Donde géiseres de humeantes fumarolas  te tientan a acercar las manos para apaciguar los 15 grados bajo cero de una madrugada de mayo. Donde la naturaleza es la recompensa  todo esfuerzo…

Geiser del Tatio. (4300 metros de altura)

Geiser del Tatio. (4300 metros de altura)

Es allí mismo que tu vista se pierde en el infinito y siempre se obsesiona con el Licancabur como un embrujo atacameño, erguido, desafiante y  nevado;  donde cavernas oscuras y serpenteantes te transforman en un niño en medio de su propia película de aventuras.

Donde las llamas, según nos cuenta una sabia mujer,  eran amamantadas por las indígenas  para domesticarlas.  Donde celosos guanacos, tímidas alpacas, y mansos zorros son parte de la fotografía.

San Pedro de Atacama, un lugar sin pretensiones,  tenue y encantador, donde la gente tiene la piel curtida por el sol eterno, donde flamea  la bandera más colorida que he visto, donde la madre tierra es lo que somos,  donde el adobe es una argamasa de barro, paja, y hasta huesos de animales que otorga un aspecto terroso y polvoriento a todo el pueblo. Allí, donde los perros llenos de polvo te miran relajados al pasar y siguen con su rutina de dormir bajo el resplandeciente mediodida.

Desierto y línea de volcanes. Volcán Licancabur.

Desierto y línea de volcanes. Volcán Licancabur.

Este paraje, donde llegan viajeros de todo el planeta que  se aventuran desde los destinos más remotos con sus mochilas a escenas desoladas y asombrosas.  Donde no pierdes la oportunidad de deslizarte en una tabla en la soledad de una cañon rojizo y arenoso en el Valle de La Muerte, aunque arriesgues perder tu avión.

Donde puedes abrazar un cactus de más de 400 años, y descubrir alguna viscacha huidiza camuflada en las rocas. Donde la coca es una hoja que se mastica para salvar la puna y sentirte mejor.  Donde  ponchos, gorros, lanas, y artesanías colorean las ferias del lugar.  Un escondite en el planeta, donde te atreves a adentrarte por rutas pedregosas, porque el desierto parece llamarte, donde las estrellas lucen su mejor brillo apiñándose  unas con otras  para cubrir el cielo de las frías y secas noches de otoño.

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Es allí, en la región de Atacama, donde eres capaz de dejarte llevar por el aura de un lugar que mágicamente sabe hacerte vivir una de las experiencias más cautivantes de tu vida.

Caminando por el salar.

Caminando por el salar.

Julieta

Viaje a San Pedro de Atacama ( Mayo de 2015)

Publicado: Noviembre de 2015

Despertar (por Christian)

Despertar de un parpadeo,…
despertar cada mañana en una ciudad distante
y bajo un cielo inquietante.

El afuera no es el mismo…
es vibrante y atrapante, colorido y llamativo,
sus sonidos y su aire suenan más que divertidos.

Algo en mi se moviliza, me levanta y me reclama.
La emoción por descubrir, el impulso por salir!!
Recorrer, reconocer, encontrar nuevos paisajes a la vuelta de esa esquina.

Hay momentos de quietud y una paz que llena el alma,
pero sobran los motivos para continuar con esta marcha.
Emociones, sensaciones, más aromas y sabores.

Vuelvo en mí y reflexiono,
cada día es eterno, es distinto y cautivante.
Es difícil de explicar pues me invade la alegría,
el presente es mi aventura, es vivir en un instante el regalo de esta vida!!

Athenas desde la Acropolis

Vista de Atenas desde la Acrópolis


Christian ( mi amor y compañero de viajes)

11 de Julio

 

 

Araçatiba, en temporada baja.

Gabriel es un hombre de más de 70 años, de cabello canoso, seria expresión y escuetas palabras. El primer contacto puede resultar algo distante. Tiene el carácter apaciguado y tranquilo de quien ha vivido desde siempre en la quietud de una isla y se ha dedicado probablemente a una pesca artesanal y solitaria.

Cuando llegas a la Posada que lleva su nombre, entras a un salón donde un almacén de ramos generales oficia de recepción, mezclándose con  pequeñas mesas en las que algunos pobladores y pescadores locales acuden después de sus labores, a tomarse un trago, jugar naipes o mirar algún partido del Brasileirão en la borrosa televisión .

Varios trofeos orgullosos, descansan desprolijos en un estante dispuesto en lo alto, para preservarlos de curiosos que pretendan tocarlos. Anclas, redes, objetos marítimos decoran paredes y hasta un bote de madera color azul ha sido usado como mesón en el sector comedor.

Se escucha claramente el ruido de las olas romper sobre las rocas donde se asienta la posada. Un par de tenues ampolletas desprovistas de todo glamour alumbran el húmedo y caluroso lugar. Un ventilador desvencijado gira cansado y ruidoso por tanto trabajo.

Praia de Araçativa - Ilha Grande - Brasil.

Praia de Araçativa – Ilha Grande – Brasil.

Araçatiba, Día 1: Una tarde de marzo de 2013.

Son las cinco de la tarde, desembarcamos en la desolada Praia Grande de Araçatiba. Sólo un grupo de niños que aquí viven juegan fútbol sobre la arena y  se refrescan en el mar. Ningún adulto a la vista. El lugar parece deshabitado. Es una pequeña bahía de 300 ó quizás 400 metros. No se ven vehículos, al parecer no hay calles.

La arena de la playa llega hasta la primera línea de casitas, por detrás de estas se asoman un par de líneas más, salpicadas entre verde y frondosa mata atlántica.  Y eso es todo.

De la  lancha, un joven baja nuestras dos pesadas mochilas y de despide amablemente. Estamos solos en este remoto lugar, es temporada baja y no hay siquiera un turista a la vista. Muchas de las casas tienen sus puertas y ventanas casi tapiadas, probablemente se usen en temporada alta o en verano (aunque ahora hacen 30 grados).

No cabe  posibilidad de perderse, miramos hacia el extremo sur de la bahía y reconocemos,  a unos 100 metros de donde nos hallamos, una casa verde de dos pisos con un  tosco y descolorido cartel que indica su nombre: “Pousada Gabriel”. Hemos llegado!!!

Praia Araçatiba - Ilha Grande - Brasil

Praia Araçatiba – Ilha Grande – Brasil

Entramos al salón. Tres hombres silenciosos y atentos miran un partido del Corinthians, cuando advierten nuestra presencia y un tímido  “boa tarde”. El mayor de los tres, se levanta silencioso de su silla y se acerca a nosotros.  Es Gabriel, aún no lo sabemos.

  Gabriel: Boa tarde (dice secamente)

  Christian: Boa tarde, temos uma reserva (en un terrible y trabado portugués, del que apenas hablamos unas     palabras)

Silencio por parte de nuestro anfitrión. Desorientada busco nerviosa el papel donde tenemos impresa la reserva, por si no comprende a que venimos. Pero antes que pueda encontrarlo, nos dice “com licença” y se retira del salón.

Nos quedamos callados, esperando e intentado no hablar para no interrumpir la definición del encuentro televisivo. Minutos después regresa con unas llaves en la mano y con un gesto nos indica que lo acompañemos. Obedientemente y sin emitir sonido lo seguimos. Salimos del salón, lo rodeamos y subimos unas escaleras hacia el sector de habitaciones. Nos abre la puerta de la número 6 y se retira sin más.

Acomodamos nuestros bártulos, e inspeccionamos la suite. En el  balcón sobre el mar descubrimos una hamaca y un fabuloso atardecer sobre la exhuberante bahía.

Balcón de la habitación - Pousada Gabriel.

Balcón de la habitación – Pousada Gabriel.

Estamos cansados y hambrientos, luego de ducharnos recorremos el pueblo, pues no creemos que sea sólo lo que vimos hasta ahora.  Caminamos toda la playa de una punta a la otra. No hay restaurantes,  supermercados, ni almacenes, nada.

Llegamos al otro extremo, otra posada con un pequeño restaurante.  Su dueño, un hombre alto, conversador, celoso que nos hubiéramos alojado en lo de Gabriel. Le pedimos un sándwich, nos dice que no sirven comida a esa hora…ni más tarde… y además están sin luz en el sector de la cocina. Bebemos una gaseosa y volvemos a nuestra posada. Le compramos a Gabriel unas cervezas, unas piezas de pan, un trozo de queso,  lo único comible sin necesidad de cocinar.

Araçatiba, Día 2: “Habemus Papam”.

Son las 7:30 am, ya no podemos dormir, nos hemos acostado muy temprano.   Afuera se escucha llover.  Bajamos en busca de algo para desayunar y nos encontramos con un colorido buffet de frutas, panes, mantequilla, café y jugos. Nos sentimos en el edén.  Asombrosamente se nos acerca Gabriel, con el ánimo de conversar. Intercambia una breve,  pero amena conversación con Christian, que dudo le entienda mucho. Parecen haber congeniado. La atmósfera es otra, un clima de hospitalidad se hace presente.

Aparece una mujer de baja estatura y cabellos negros con diminutos rulitos. Se ve mayor pero ágil, se nos acerca y nos da la bienvenida con una gran sonrisa.  Es la esposa de Gabriel. Conversa con nosotros , nos habla de las frutas del lugar, de los platos que cocina, nos cuenta de la isla,  de sus hijos, nos habla de su vida.

Es interrumpida por un pretencioso matrimonio argentino, que entra al salón quejándose de la posada, del lugar, de la playa, de la lluvia, del clima, del universo.  Nos hacemos los distraídos y bebemos nuestro café, pero buscan cómplices para reclamar y quejarse. Inevitablemente nos preguntan de dónde somos, se les ilumina el rostro cuando escuchan nuestro español. Desayunamos juntos, no hay más huéspedes. Tratamos de desviar sus temas de disgusto,   nos excusamos y partimos furtivamente antes de que quieran acordar una excursión conjunta.

Praia de Araçativinha

Praia de Araçatibinha

Caminamos hacia una  playa en una pictórica bahía a tan sólo 200 metros de la posada:  Aracatibinha.  La enmarca el verde morro que besa la suave arena color ocre.  Una canoa de madera parece abandonada a su suerte, el muelle temblequeante sirve para saltar al agua como niños, varios picaflores acosan a unas flores de intenso rojo que resaltan en la brillosa vegetación.

Praia de Araçatibinha

Praia de Araçatibinha

Estamos solos en el paraíso; sin ruido, sin gente, sin más que nosotros y la naturaleza en su máximo esplendor.

Muelle Praia Aracatibinha

Muelle Praia Aracatibinha

Descubrimos un hermoso restaurante con una majestuosa terraza sobre el mar, nos aseguramos que esté abierto, pues volveremos a cenar.

Son las cinco de la tarde, empieza a caer el sol, nos cambiamos para la cena. Llegamos al restaurante, somos los únicos comensales. Tres garzones impecablemente uniformados, la dueña y un par de cocineros se esmeran en atendernos. La mesa luce un pulcro mantel de lino, las copas y cubiertos brillan, la comida es deliciosa y la vista de toda la bahía impagable.

Es la noche de la elección del Papa, hay un televisor encendido y todo el personal está atento a lo que ocurre. No han llegado más clientes, seguimos siendo los únicos. Y de pronto humo blanco: “Habemus Papam”… es Francisco, el Papa Francisco. No podemos creerlo, la dueña del lugar emocionada nos abraza entre llantos, oraciones y agradecimientos.

Nos marchamos satisfechos y contentos.  El Papa es argentino y hemos probado un postre con un nombre muy romántico “Julieta y Romeo” que terminó siendo queso y dulce.

Araçatiba, Día 3: Temporada baja un camino al paraíso.

Ya nos estamos acostumbrando a la soledad y silencio del lugar.  Y a los deliciosos almuerzos que nos prepara la esposa de Gabriel.  Él se ha tornado ameno y conversador, nos tratan como si fuéramos sus propios hijos o nietos. Es como estar en la casa de un familiar, se ha gestado un cariño mutuo.

Un matrimonio carioca de nuestra edad, se ha sumado a los huéspedes. Somos seis en total, almorzamos juntos y disfrutamos de largas conversaciones en portugués. Parece que las ganas de comunicarnos han hecho que hablemos con más fluidez, pues nos entendemos perfectamente. El matrimonio argentino se ha relajado, ya no se quejan por todo, parecen estar disfrutando.

Es la última tarde. Comienza a llover mientras exploramos el sector por caminos enlodados difíciles de transitar. Nos cruzamos con dos o tres pobladores que nos saludan, delatando en su cara la pregunta que se hacen para si ¿qué harán acá en esta época?

Buscamos resguardarnos de la copiosa lluvia en el porche de una pequeña casa situada en un rocoso peñasco con vista al mar. Nos sentamos acurrucados y oímos caer la lluvia, que parece nunca cesará. Nos tornamos pensativos, algo melancólicos y en silencio perdemos la mirada en el horizonte por largo rato.

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Desde el balcón Pousada Gabriel.

Araçatiba, Día 4: La despedida.

Son las seis de la mañana, oímos a los niños correr a la barca que los recoge día a día para ir a la escuela.

Ya nos sentimos parte del lugar y es difícil irse. Bajamos a desayunar y a despedirnos de Gabriel y su señora. Han sido unas vacaciones muy especiales, siempre los recordaremos. Ya nos entendemos mejor y  aprecian nuestro agradecimiento. Prometemos volver  algún día a visitarlos y entre apretones de manos y cálidos abrazos dejamos la Posada.

Una pequeña lancha de madera anuncia el llamado a partir con una cómica bocina, caminamos hasta el muelle, nos recibe amablemente el joven que hace tres días nos dejó en el mismo lugar;  lo que él no sabe es que hoy  somos otros, Araçatiba y la Posada de Gabriel se han quedado guardadas en nuestro corazón.

Balcón de la habitación - Pousada Gabriel.

 

Julieta

26 de Abril de 2015


Araçatiba es una playa que se encuentra ubicada al sur de la Isla Grande, Brasil.

Se puede acceder desde la ciudad de Angra dos Reis, tomando una lancha desde su puerto. La duración de la navegación es de aproximadamente una hora y media.

Posee hermosas playas, entre otras la extensa Praia Grande de Araçatiba y una más pequeña pero que no se puede dejar de visitar por su belleza, Araçatibinha.

La oferta de posadas es importante, más aún en temporada alta. Aunque por supuesto recomiendo la de nuestros queridos anfitriones Gabriel y Señora, donde la hospitalidad está garantizada. Todos allí conocen su Posada, imposible perderse.

Sin duda una cena en la Posada y Restaurante Convés, es un gusto que vale la pena darse.

Otros paseos cercanos que pueden realizarse son:  a Laguna Verde, óptima para hacer snorkel; a Praia Vermelha una encantadora playa y pueblito en la bahía contigua, y para los más intrépidos un largo paseo hasta Praia Aventureiro.

 

 

Una odisea griega.

Una maraña de pensamientos se transformó en impetuosas y silenciosas plegarias… Permanecí  alerta, pero tranquila, inconsciente de estar reservando  mis energías por si el barco naufragaba  y teníamos que nadar en busca de una firme tierra salvadora.  Christian estaba inmutable y sorprendido, seguramente había pensado que yo gritaría desaforada, pero no fue así.

El ferry se tambaleaba en los cuatro sentidos. El cielo completamente celeste y brillante se me antojó una antagonía caricaturesca de la epopeya que estábamos por vivir.  Repetidamente, sorteamos furiosas olas arremolinadas por fuertes ciclones de viento, la embarcación se suspendía en el aire y volvía a caer pesadamente haciendo crujir cada remache, perno, metal y madera, tal un viejo trirreme, en lugar de un moderno navío. 

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Sin tregua, Poseidón, dios del mar, liberaba su furia abrumadora e impiadosa. Había comenzado la terrible travesía. El agua salada entraba sin permiso por cada rincón;  el equipaje apilado en una esquina yacía mojado y resignado a las circunstancias; los histéricos pasajeros se aferraban a sus asientos;   una mujer oriental lloraba desesperada imaginando lo peor;  ingleses, franceses, turcos,  belgas, usaban las menospreciadas bolsas de papel;  un puñado de japoneses logró desentenderse de sus cámaras fotográficas, como quien abandona su tesoro  para salvarse.

La tripulación corría pavorosa de un lado a otro cerrando escotillas en un vaivén furioso para atajar el oleaje. Tambaleantes dirigían alguna escueta palabra de calma, en un griego incomprensible,  a pasajeros con la mirada pérdida y en estado de pánico.

Me sentí muy mareada. El ruido y movimiento eran implacables y aterradores.  Especulé a que temperatura se encontraría el agua y que tan lejos nos hallaríamos de alguna isla.  Desee que sirenas y tritones acudieran a nuestro auxilio.  Miré desde mi asiento por el ojo de buey hacía babor y solo vi mar, y luego a estribor,  y  sólo vi cielo. Algo no estaba bien!

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La adrenalina, también llamada la hormona de lucha, se apoderó instantáneamente de mi cuerpo y me preparaba mentalmente para la huída.  Divise los chalecos salvavidas pero no me atreví aún, eso hubiera significado que la catástrofe ya se había desatado. Rozamos las rocas de un pasillo entre dos islotes, ráfagas de fuertes vientos producían un sonido ensordecedor, algunos viajeros se entregaban a su destino, otros rezaban  a sus dioses en los más variados idiomas.

De pronto tuve el sentimiento de que esta aventura sería sólo una anécdota. Fue ahí cuando levanté la mirada y vislumbré los emblemáticos molinos de viento de la Isla de Mykonos.  Respiré hondo, llegábamos estoicos, sanos y salvos a nuestro destino. 

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El ferry atracó junto a un pequeño muelle y fuimos bajando lentamente. Decenas de personas esperaban eufóricas y entusiastas nuestro barco para navegar hacia otros destinos. No dudé que rápidamente  lo limpiarían  para zarpar  y  los tripulantes se beberían un fuerte café en busca de la sonrisa perdida con el fin de  ofrecer una calma  bienvenida a los nuevos viajeros.

Pasamos a su lado…  silenciosos, exhaustos, recuperando el equilibrio, reponiéndonos de la caótica peripecia y  pensando sólo  en un descanso reparador.  Nadie fue capaz de advertirlos, ni siquiera lo pensamos… después de todo estábamos en mares de fabulosas Odiseas!

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“…Tal le dije y, con ello, en el pecho le entró nueva furia: 

arrancando la cima de una alta montaña, lanzóla

contra el barco de proa azulada; cayó por delante

casi a punto de herir al timón en su extremo.  Al venirle 

desde arriba el peñón,  solevóse la mar, y las olas

empujaron de nuevo la nave hacia tierra, al reflujo 

de las aguas;  forzada marchaba a chocar con la costa,

más , tomando en mis manos un gran botador,

dile impulso hacia fuera, y volviendo la vista a mi gente,  movía

la cabeza en premiosa señal de remar con más brío

para huir del desastre…”

Canto IX, Odisea, Homero.

 

Julieta 02 de Marzo de 2015


Este relato está basado en un viaje  entre las Islas Griegas de Santorini y Mykonos realizado en Junio de 2012.

Contemplación

Ella tomó su lugar como siempre, al lado de la ventana. Se acomodó lentamente en su asiento, lo reclinó sólo un poco para sentirse cómoda y como en un estado de meditación dirigió su mirada hacia afuera, disponiéndose a contemplar, como habitualmente lo hacía.  Era su pequeño e inconfeso placer. Bastaba mirar su rostro para darse cuenta el gozo que esto le ocasionaba, delatado por una imperceptible sonrisa que no podía disimular.

Sólo había campo y cielo, pero ella se empeñaba en no perder ningún detalle a través del pulcro cristal que parecía no existir, y que al cabo de unos segundos, realmente no importaba. Sumida en el paisaje, se dejaba llevar, mientras otros pasajeros dormían, escuchaban música o resolvían crucigramas, ella sólo observaba casi sin pestañear. Pudo descubrir una vaca bostezando, lo que le causó estupor y sorpresa, creyó que tal vez había sido su imaginación.

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“Campo uruguayo”. Fotografía del Sr. Fernando Fernández Garcia. Honrada de poder compartirla en el blog.

Había adoptado una especie de comunión con el paisaje. Pensaba que era privilegiada, de poder observar esa postal, que seguramente desde su ángulo, era solo vista por ella y nadie más.  Creía porfiadamente que cada momento era único; que lo que veían sus ojos  cada instante era una circunstancia irrepetible,  porque todo se transforma constantemente y los cambios son parte de la vida, pensaba.  Ese era un tesoro que cultivaba en todo viaje y guardaba en su corazón.

Se quedó pensando en esto, y de pronto tomó conciencia de cuantos años habían pasado desde que por primera vez había visitado Colonia del Sacramento, hacia donde ahora se dirigía. Calculó rápidamente que habían sido cerca de quince años atrás.  

Colonia del Sacramento. Uruguay

Colonia del Sacramento. Uruguay

Con una amiga de sólo un día, y a quien nunca había tratado, se embarcaron en un ferry desde  el puerto de Buenos Aires y llegaron a esta pequeña joya al otro lado del Río de la Plata . Eran adolescentes, e incentivadas por sus padres a viajar, aprovecharon la ocasión de esta aventura. No les importaba casi no conocerse, seguramente volverían siendo muy compinches después de una hazaña como esa,  aunque durara sólo un día. Pues así estaba planeado, volverían esa misma noche.

Llegaron a Colonia entusiasmadas, ya estaban en otro país, y eso era digno de emoción. Una tenue llovizna las acompañó mientras recorrieron a pie la pequeña ciudad  perdiéndose entre sus pasajes  empedrados. En esa época, el romanticismo de la juventud  las envolvía, y que mejor lugar para dar rienda suelta a la imaginación que este pequeño lugar cargado de encanto. Sólo caminar por sus adoquinadas callecitas era una invitación a soñar.

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Había pasado mucho tiempo, ella ya no era una niña, era una mujer. Todo había cambiado, como cambiaba el paisaje. Volvía a Colonia donde había imaginado el amor. Salió de repente de su profunda abstracción, giro su cabeza sacando su vista de la ventana, lo vio a él dormitando a su lado,  acarició su rostro y  se sonrió a sí misma. Lo había logrado, se sintió afortunada, sus sueños de juventud se habían vuelto realidad. Ahora podía perderse con él por la calles de Colonia.


Este texto lo escribí de regreso a un viaje a Colonia que tuve la fortuna de volver a visitar con Christian en el año 2010. Cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia.

 Julieta 

20 de febrero de 2015

La Notte Bianca (Firenze)

Era nuestro último día antes de marcharnos de la ciudad. El calor había mermado entrada la tarde y una ligera brisa refrescaba las calles dedicándonos una sensación ideal. La ciudad se vestía de fiesta para ser escenario de una de las veladas al aire libre más soberbias que pude presenciar.

Nuestros anfitriones eran  Sebastián, hermano de Christian, y Valeria, su esposa (y mi amiga, con quien compartimos largas y cómplices tardes de abril en playas marplatenses hace algunos años atrás).  Ellos viven hace más de una década en Italia y por esos días nosotros los visitábamos. Nos propusieron asistir a un espectáculo del cual no nos adelantaron muchos detalles, evadiendo nuestras preguntas deliberada y disimuladamente como parte de la sorpresa.

 

Vista Panóramica de Firenze - foto extraída de web: temploliberotoscana.it

Vista Panóramica de Firenze – foto extraída de web: temploliberotoscana.it

Antes de  salir, llenaron una pequeña conservadora con cervezas y bebidas, y en plan de pic nic nocturno partimos sin más. Recorrimos desde Barberino di Muggelo,  unos pocos kilómetros en auto para llegar a la ciudad de Firenze. Un gran despliegue organizativo y de seguridad podía apreciarse a muchas cuadras de distancia del epicentro del evento.

Aparcamos a un kilómetro y relajados caminamos por las calles despejadas y vacías de vehículos a propósito de la ocasión, sumados a una procesión desordenada de turistas y florentinos.

La ciudad estaba repleta de gente de todas las edades  y nacionalidades en busca del lugar perfecto para disfrutar de la gala inminente: bancas, plazas, cordones, aceras o tal vez un  rincón de pasto. Otros preferían alguna mesita de café o restaurante,  los que también celebraban  la víspera con música e iluminación fulgurosa aprovechando para abultar su caja diaria.

Había un clima festivo y entusiasta, todo parecía brillar, en el cielo despejado empezaban a aparecer, tímidas,  las primeras estrellas visibles y el sol se apagaba dejando un rastro colorido.

Firenze (fotografía extraída de tastoservice.blogspot)

Firenze (fotografía extraída de tastoservice.blogspot)

Nos detuvimos en una plaza colmada de puestos ambulantes  que vendían todo tipo de comida para un público hambriento. Elegimos una blanca furgoneta donde bulliciosos clientes aturdían con pedidos insaciables al único y teatral vendedor, quien lucía un delantal grasoso y movía en giros y contragiros exagerados su portentoso cuchillo, regocijándose con el asombro de los espectadores.

A sugerencia de Sebastián pedimos lo típico de la ocasión, la famosa “Porchetta Toscana”, un enorme,  rústico y  apetecible  sándwich  de carne de cerdo asada,  aromatizada con hierbas y recubierta por la corteza crujiente de su propia piel, cobijada en un sabroso pan.

¡Se me hace agua la boca sólo recordarlo!  Lampredotto, tripa y paninis  completaban el menú.

Il Brustico - Puesto de comida, descrito en el relato)

Il Brustico – Puesto de comida descrito en el relato.

Suficientemente  aprovisionados buscamos un pequeño recoveco de césped en la Piazza Poggi,  del cual nos  apropiamos  rápidamente desplegando una manta.

Mientras tanto, las cúpulas de emblemáticos edificios  comenzaban a lucir iluminadas;  los artistas se enfundaban de etiqueta para salir a escena;  cantantes probaban su voz detrás de bambalinas para maravillar con  alguna ópera clásica; músicos repasaban sus cornos, clarinetes, trompetas, violines, violonchelos con un último y metódico lustre;  museos, iglesias, bibliotecas, abrían sus puertas irradiando resplandor; y  miles de fotógrafos calibraban sus cámaras mareados y aturdidos por las miles de postales  a su alrededor.

Firenze (fotografía extraída de www.tuscanypeople.com)

Firenze (fotografía extraída de http://www.tuscanypeople.com)

Anocheció de repente  y  un despliegue de gigantes imágenes,  se proyectaron,  cubriendo íntegras, las  fachadas  de  palacios, torres y  domos,  como una forma original y despampánate de exhibir algunas de las más increíbles obras de arte como: El nacimiento de Venus, La Anunciación, El David de Miguel Ángel o La Venus de Urbino.

El Nacimiento de Venus ( Sandro Botticelli -1845)

El Nacimiento de Venus ( Sandro Botticelli -1845)

Espectáculos artísticos, exposiciones, opera, poesía, conciertos, teatro, cine, acrobacia se sumaron e inundaron simultáneamente cada centímetro de la ciudad. Fuegos artificiales tronaron durante más de una hora, avasallando con su ruido, colores y formas a todo el público presente y deslumbrando al más inconmovible de los asistentes.

Ponte Vecchio -Firenze (fotografía extraída de blog.ecvacance.it)

Ponte Vecchio -Firenze (fotografía extraída de blog.ecvacance.it)

El plateado y espeso Rio Arno no quedó ajeno a la celebración, esta calma arteria que durante el día refleja artísticamente a Firenze como una acuarela que muta con el tiempo, nos brindó uno de los mayores y sorprendentes momentos.  De sus aguas se elevaron cientos de conos blancos de papel que levitaban con fuego, iluminaban la fabulosa noche danzando al son del viento y desaparecían efímeros en la oscuridad, culminando el evento este cierre magistral.

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Firenze no se había reservado nada, había sacado a relucir todo su encanto.  Se me antojó pensar que no fue casual  que está velada coincidiera con nuestra última noche en ella.  Tal vez el universo había conspirado para que así fuera.  Sin saberlo, Firenze nos había regalado una  despedida memorable.

Julieta

23 de Enero de 2014


La “Notte Bianca” es una iniciativa de varias grandes ciudades en el mundo donde se organizan diversas actividades culturales o de entretenimiento a lo largo de una noche.

La primera iniciativa de este tipo, fue llamada la “Larga Noche de los Museos”creada en Berlín en 1997, mientras que la primera “Noche Blanca” fue en  octubre de 2002 en París y se repite todos los años desde entonces.

En Italia, la primera Notte Bianca se llevó a cabo en Roma en setiembre de 2003, y se ha mantenido en la historia y la memoria colectiva porque coincidió con el peor apagón eléctrico que se haya registrado en Italia.

En Firenze la primera Notte Bianca se realizó en el año 2010, y se repite cada año. La página oficial del evento es http://www.nottebiancafirenze.it

El Momento del Encuentro. El Coliseo Romano.

A veces creo que ver algunas de las maravillas del mundo es como enamorarse.  Ansias, expectativa, y hasta  cosquilleo en el estómago aparecen  ante la eminente visita al soñado lugar  que por fin vamos a conocer. Y aunque hayamos visto previamente cientos de fotografías, siempre logra sorprendernos.

Y  es “ese momento” del que quiero hablar,  “el momento del encuentro” … ese momento realmente mágico en que nuestros pensamientos se diluyen, la imaginación se detiene y nos dejamos embargar por la preciosa singularidad  del  instante en que nuestros ojos se posan  por primera vez en el monumento, paisaje u obra de arte. Es ese momento…cuando quedamos atónitos y las palabras no cuentan. Un momento de comunión, íntimo,  del que no logran distraernos ni miles de flashes, ni cientos de turistas rondando a nuestro alrededor, ni los frescos datos en la memoria de alguna  guía de viajes que hemos leído antes de llegar.

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Hay lugares que me han conmovido profundamente  y me sigue emocionando su sólo recuerdo,  este es uno de ellos.

Cuando visitamos Roma ( ciudad a la que en otro artículo voy a dedicarme), llegó la hora de conocer el mayor  ícono de la ciudad.  Tomamos el metro cerca del Vaticano,  nuestra cámara estaba preparada para fotografiar al Coloso y en ese momento  ya se precipitaba una sonrisa en nuestro rostro.  Con una ansiedad silenciosa disfrutamos del viaje  y de escuchar el anuncio de cada parada en ese encantador idioma.

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Al llegar, saliendo de la estación, nos esperaban unas sucias escaleras hacia la acera y  justo enfrente, sin siquiera poder reaccionar, estaba él.   No fuimos capaces de movernos,  nos había cautivado desde la distancia, el atardecer lo teñía de un tono anaranjado que escapaba por cada uno de sus arcos y definía sus siluetas redondeadas.   Testigo de otras épocas, majestuoso, gigante, imponente, con sus casi 2000 años  de antigüedad sigue sorprendiendo su instinto de supervivencia a saqueos, terremotos e incluso bombardeos,  episodios que han dejado secuelas en sus muros.

Lentamente avanzamos,  como hipnotizados, sintiéndonos pequeños ante su grandeza, lo contemplamos por largas  horas, nos transportamos a épocas de gladiadores, de fieras rugiendo en peleas mortales y de un  pueblo alentando el macabro espectáculo.  Cuantas monstruosidades habían envuelto sus terrosas paredes, cuanta gente había perdido su vida en él…  y ahora se veía tan calmo, solitario y romántico en medio de la ciudad.  Le había tocado vivir épocas de  apogeo,  decadencia, destrucción, y reconstrucción. ¿Y ahora qué?  ¿Era sólo un símbolo? ¿ Tal vez  le restaba sólo esperar algunos milenios más para desaparecer ? ¿O sería testigo infinito e inmortal de la historia?

La noche llegó y no lográbamos irnos,  hasta que  una fresca brisa nos despertó de su magnetismo. Al día siguiente regresamos, la  necesidad de volver a verlo nos condujo nuevamente hacia él y su hechizo se hizo presente otra vez,  allí estaba… inmóvil e imponente el gran Coliseo Romano.

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 Julieta

15 de Enero de 2015

 


Algunos datos del Coliseo Romano:

El Coliseo es un anfiteatro de la época del Imperio Romano, se ubica en el centro de la ciudad de Roma.

Su construcción se inicio en el año 70 D.C.

Su nombre era  Anfiteatro Flavio, en honor a  la dinastía del Emperador Vespaciano, quien  inició su construcción, luego paso a ser llamado Coliseo por una gran estatua ubicada junto a él , el Coloso de Nerón, no conservada actualmente.

Fue declarado Patrimonio de la Humanidad  en 1980 por la Unesco  y como una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno  en 2007.

Tenía capacidad para 50000 espectadores.

Su inauguración duró 100 días, participando de ella todo el pueblo romano y muriendo en su celebración decenas de gladiadores y fieras que dieron su vida por el placer y el espectáculo del pueblo.

El Coliseo se usó durante casi 500 años y se desarrollaban en él distintos espectáculos públicos: luchas de gladiadores, caza de animales, ejecuciones, representaciones de batallas y hasta obras de teatro.

Los últimos juegos de la historia fueron celebrados en el siglo VI.

En la actualidad es uno de los mayores atractivos de Roma, lo visitan aproximadamente 6 millones de turistas cada año.

Mis paisajes 2014

A propósito del Nuevo Año, me pareció importante recordar al Viejo Año con algunos paisajes increíbles que tuvimos el privilegio de poder contemplar durante el 2014.

Les presento mi balance fotográfico, espero lo disfruten.

Atarceder en Morro do Sao Paulo, Brasil - Mayo de 2014

Atardecer en Morro do Sao Paulo, Brasil – Mayo de 2014

Parque San Martín, Mendoza, Argentina - Diciembre de 2014

Parque San Martín, Mendoza, Argentina – Diciembre de 2014

Batuco, Santiago, Chile Octubre de 2014

Batuco, Santiago, Chile Octubre de 2014

 

Camino a Praia Gamboa, Morro de Sao Paulo - Mayo de 2014

Camino a Praia Gamboa, Morro de Sao Paulo – Mayo de 2014

Praia do Encanto, Morro do Sao Paulo, Brasil Mayo de 2014

Praia do Encanto, Morro do Sao Paulo, Brasil Mayo de 2014

Pichilemu, Chile- Septiembre de 2014

Pichilemu, Chile- Septiembre de 2014

 

Colorado, Santiago, Chile Agosto 2014

Colorado, Santiago, Chile Agosto 2014

 

Fortaleza de Morro do Sao Paulo, Brasil Mayo de 2014

Fortaleza de Morro do Sao Paulo, Brasil Mayo de 2014

Cordillera de Los Andes, Mendoza, Argentina -Diciembre de 2014

Cordillera de Los Andes, Mendoza, Argentina -Diciembre de 2014

 

Reñaca, Santiago, Chile - Agosto 2014

Reñaca, Santiago, Chile – Agosto 2014

Morro do Sao Paulo, Brasil- Mayo de 2014

Morro do Sao Paulo, Brasil- Mayo de 2014

Pichilemu, Chile - Septiembre de 2014

Pichilemu, Chile – Septiembre de 2014

 Julieta

8 de Enero de 2015